domingo, 28 de agosto de 2011

Homenaje a Celso Amieva y tres poemas


Viernes intenso en Llanes cuando de nuevo por arte de la mágica palabra entendida y selecta, revivió el  poeta llanisco en la casa de cultura rememorando su pasado y su futuro como uno de los grandes poetas asturianos.
Clausurábanse los cursos de verano universitario que allí se vinieron desarrollando en las ultimas fechas, cerrando el ciclo estival de formación voluntaria con una conferencia de mi queridísima amiga María Jesús Villaverde, historiadora, biógrafa del poeta de su mismo concejo, al que conoce en vida y obra para rememorar las periféricas historias singulares del ilustre llanisco.
Al final, después de una entretenidísima e interesante charla, desenfadada y culta, la ponente me hizo el regalo más apreciado de la noche: presentarme a la sobrina del poeta que desde Madrid se había desplazado a Llanes para asistir a este encuentro y permitir que oyentes como yo pudiésemos escuchar de su propia voz algunos breves apuntes de su conviviencia con el poeta, del que este año se conmemora el centenario de su nacimiento, como su amigo en las trincheras de la guerra del 36, Miguel Hernández o su protector en Mexico, Alfonso Camin, desde el exilio allá por los años 50.
De Celso Amieva he musicado un par de poemas que precisamente estrenaba en este mismo salón de la casa de cultura donde acudí invitado por la conferenciante y la organización municipal de tan renombrada clausura.
El tercer poema que reproduzco aquí es el que Alfonso Camin le dedicó y que forman parte de mi repertorio habitual desde esa solemne primavera.
Llamaremos con sus versos a todas la puertas que quieran abrirse al conocimiento y el recuerdo de estos prohombres de la lírica y la épica que en su tiempo, triste tiempo hambruno y dolorido, vinieron a enseñarnos cómo se cambia el mundo y cómo se evita que algunos quieran acomodarlo a sus anchas para su particular disfrute; esos están de más en esta esfera de la que tanto ayer como hoy hay que apear en bien de todos.
Al final de la charla, las fotos para extender en el tiempo esos inolvidables momentos:  junto a mó posan la sobrina de Celso Amieva y la conferenciante María Jesús Villaverde Amieva, bibliotecaria del Real Instituto de Estudios Asturianos, institución a la que con orgullo pertenezco desde 1986.
Rafa Lorenzo





Con la sobrina de Celso Amieva y con María de Jesús Valverde



Celso Amieva (1911-1988)
 A MIGUEL HERNÁNDEZ
Celso Amieva

Miguel éramos jóvenes cuando vino la guerra.
Cantábamos de amor con voz estremecida,
húmedas las palabras de jugos de la tierra.
Y amábamos la vida.

Miguel, éramos jóvenes y no éramos eunucos,
pero nos atraía la gloria más que el mando.
y la guerra nos dieron los otros, los caducos
de uno y del otro bando.

Tú y yo, venir la vimos;
no éramos gobierno la juventud…
si entonces hicimos de Casandras,
hoy cruzamos vivientes las llamas de este infierno,
como las salamandras.


Unos por no impedirla y otros por sí encenderla,
los viejos de la tribu nos la impusieron juntos
y a los jóvenes todos nos toca sólo hacerla
“hasta caer difuntos”.

Miguel, ¿pues a ganarla!
ya que haciéndola vamos
y aunque ni a ti ni a mí nos quepa culpa de esto!
no sé si somos héroes, pero si sé que estamos
cada uno en su puesto.

Ganaremos la guerra Miguel…
Aunque de nieve se nos vuelva el cabello,
nos lo beba la llama,
Y así pasen más días
que gotas de agua mueve
noche a noche el Jarama.

MADRE
Celso Amieva

Más que madre espartana.
Más que madre romana.
Mi madre fue
asturiana.

Bable su arrullo fue,
bable su nana.
Bable me habló
y háblame bable

y, siempre que me hable,
bable me habrá de hablar
su voz anciana.


IMPRESIÓN PARA UN RETRATO DE CELSO AMIEVA
Alfonso Camín (“Momentos” México, 1958)

Sobre la roca, el robledal llanisco;
La Torre, como adusto centinela
La mar, el viento, el pescador, la vela,
Y el manantial en el pulmón del risco.

Pastor con el rebaño en el aprisco,
Molino al fondo, resonante muela;
Nudo a la diabla, en el portal, la abuela
Y, aroma y sol, en la heredad el prisco.

Más que maíz en flor, grano en la criba
La moza, aire de danza en el refajo
Y, en ojos de hontanar, el agua viva.

El castaño, el nogal, hacha en el tajo;
El oso que va lento monte arriba
Y el torrente en espumas monte abajo.

 

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